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En las tierras altas chiricanas, se levanta otro ordeñador, quien va silenciosamente tocando con una vara a las vacas. Este las va dirigiendo con mucha paciencia hacia la ordeñadora de leche grado A. Ahí el proceso es distinto, las máquinas hacen la labor de las manos, porque se utilizan máquinas de ordeño especializadas.
La diferencia en cómo se ordeña es lo que aún mantiene la brecha entre tener suficiente leche para la producción, consumo y abastecer el mercado, o mantener la dependencia en un 50% de la leche importada, como pasa actualmente.
En Chiriquí se produce el 82% de la leche grado A y el 42% de la leche grado C. Esta provincia aporta el 52% del consumo nacional, el resto (48%) se produce en el arco seco.
Los productores del país son optimistas. Ellos quieren que haya un incremento en la oferta productiva, sin embargo, existen factores, como el precio que pagan las industrias por la leche grado C, que les dificultan la inversión en manejos y tecnología.
El precio es fundamental, explica Luis Carlos Álvarez, presidente de la Asociación de Productores de Ganado Lechero de Panamá (Aprogalpa).
Admite que por la leche grado A les están pagando más, pero lo que reciben por la de grado C es muy poco, situación que confirma Frank Tedman, presidente de la Asociación Nacional de Productores de Leche (Anaprole).
Pese al excedente de entre 15 millones y 20 millones de litros de leche para procesamiento industrial, Tedman afirma que los industriales siguen comprando —aunque a un menor precio— la leche grado C y la están convirtiendo en leche en polvo para poder utilizarla en el futuro.
Tedman es consciente de que el precio de la leche industrial es bajo, sin embargo, dice que es necesario que los ganaderos se mantengan en la actividad, porque en el futuro no se sabe si se podrá seguir importando por los altos precios internacionales.
